La toma del capitolio y lo que no espera

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Programa de Morena: “Lucha por cambiar el regimen de… antidemocracia e ilegalidad que ha llevado a México a la decadencia total”; lo que no ha sucedido, es otra mentira, sino que, por el contrario, se ha venido agravando.   

           El escándalo mundial sobre “la toma del capitolio” estadounidense, incitada por el enorme poder que entonces todavía ostentaba el expresidente Trump, atrajo la atención de nuestros políticos, de muchos de nuestros intelectuales, y de los medios de comunicación, tanto por las noticias en sí, como de los comentaristas de todas las tendencias y colores.

            El resumen de todo cuanto he leído de las reacciones mexicanas, puede muy bien estar en esta frase que encontré en algún escrito: “lo que sucedió en el Capitolio de Washington es un adelanto de lo que sucederá después de las elecciones de Junio en México, si no ganan Amlo y su partido, Morena.”

            Algo quedó muy claro en USA: sus instituciones aguantaron y proporcionaron los caminos para solucionar el conflicto provocado desde el poder, o, por mejor decir, desde la desmedida ambición de Trump, y de su enorme egolatría que no admite la derrota, aunque esté moribundo en el suelo.

            Pero, al mismo tiempo, ha sido patente que las instituciones están ahí, pero que son quienes las representan, hombres y mujeres, quienes las hacen o no valer. Por ejemplo, Trump, envió a su vicepresidente y amigo, Mike Pence, a reventar la sesión del Congreso para evitar el reconocimiento del triunfo del candidato Biden, pero ante la evidente falta de pruebas del fraude electoral denunciado por Trump y sus seguidores, ese Mike Pence se ajustó a las leyes electorales y del Congreso, y declaró que Jon Biden sería el próximo presidente de USA.

            ¿Podría suceder algo así en México el próximo Junio, si pierde Amlo el control de la Cámara de Diputados, o “Morena” pierde gobernaturas y municipios en los Estados? Todo parece indicar que no. Por cada pérdida electoral habrá el doble de movimientos violentos: ésa es la índole probada y comprobada del presidente Amlo, y de “Morena”, desde la toma aquella de campos petroleros el siglo pasado, pasando por “el infame plantón de Reforma” de este siglo.

            Primero, las instituciones del país que vigilan nuestra incipiente y débil democracia, bajo el pretexto de la corrupción “ya han sido, o están a punto de ser enviadas al demonio”. Así ha pasado ya con el Tribunal Federal Electoral, y somos testigos del fuego de gran calibre contra el Insituto Nacional Electoral y la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Y segundo: no tendremos tampoco políticos de la talla de Mike Pence, ni en la oposición ni mucho menos en “Morena”. Hasta el día de hoy ninguno ha hecho nada digno desde la oposición, y ¿alguien se imagina a un Ricardo Monreal, a una Olga Sánchez Cordero, o a un Mario Delgado, ajustarse a las leyes en contra de los mandatos de Amlo? No lo han hecho hasta ahora, jamás lo harán en situación de conflicto contra sus intereses de partido.